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RESEñA HISTóRICA DE LA ANTIGUA, FERVOROSA Y HUMILDE HERMANDAD Y COFRADíA DE NAZARENOS DEL SANTISIMO CRISTO DE LA VERA–CRUZ, NUESTRA SEñORA DE LA SOLEDAD EN SUS DOLORES, SANTO ENTIERRO DE NUESTRO SEñOR JESUCRISTO, SAGRADA ENTRADA DE JESúS EN JERUSALéN, MARIA SANTíSIMA DE LA ENCARNACIóN Y SAN JUAN EVANGELISTA.

La actual Hermandad es el resultado de la fusión de dos de las más antiguas Hermandades y Cofradías de esta Villa de Tocina, cuyas historias forman parte de la historia misma: la primitiva Hermandad de la Vera–Cruz y Nuestra Señora de la Encarnación y por otra parte la que en su día fue conocida comúnmente como Hermandad de la Soledad en sus Dolores, la cual daba Culto al Santo Entierro de Cristo y Nuestra Señora de la Soledad.

Se ignora el momento en que ambas fueron fundadas, no obstante hay reseñas históricas de estas hermandades desde la segunda mitad del siglo XVI.

 



La primera de ellas tuvo ermita propia a media legua de esta Villa en el antiguo camino conocido como “de Sevilla” y en el lugar aún hoy día denominado “Huerta del Cristo”, nombre que le viene dado de la antigua pertenencia de esta huerta a la Hermandad, la cual constituía su mayor fuente de ingresos, hecho que la Hermandad mantiene a lo largo de los años hasta la conocida Desamortización de Mendizábal ya en el siglo XIX, en que le fue enajenada junto con otras muchas pertenencias y rentas que constituían un nada desdeñable patrimonio.

En la segunda mitad del siglo XVIII, la vieja Ermita estaba prácticamente en ruinas, por lo que la Hermandad decidió su derribo y la construcción de un nuevo templo, pero esta vez se decidió que éste estuviese más cercano a la Villa, por lo que se adquirió un terreno extramuros a la misma en el lugar conocido como “Pozo de la Ermita”, allí empezó a labrar la nueva fábrica, la cual y a juzgar por la documentación conservada parece ser que fue de gran prestancia y empaque; por desgracia los hermanos no vieron cumplido su deseo, ya que el nuevo templo, prácticamente acabado y a falta de detalles de ornamentación no pudo estrenarse, pues fue destruido por las tropas francesas en su ocupación de la Villa durante la Guerra de la Independencia, no pudiéndose acometer su restauración por la postración en que se encontraba la Hermandad en ese momento, la cual se agravó con los avatares políticos de la época, que hicieron que se abandonara el proyecto, derribándose lo construido y quedando sólo el pozo que tenía a su lado.

En dicha primitiva Ermita recibía culto la venerada Imagen del Santísimo Cristo de la Vera–Cruz, sin duda una de las imágenes que gozó y goza en la actualidad de mayor numero de devotos de esta Villa; junto a él la Bendita Imagen de la Virgen de la Encarnación; con devoción muy arraigada en Tocina, cuyo culto tiene gran reminiscencia medieval.

Al ser derribada la primitiva Ermita de la Vera–Cruz, ésta junto con el retablo que cobijaba la imagen del Cristo, fueron trasladadas de forma provisional a la nueva Ermita de la Soledad mientras se acometían las obras de la nueva sede, lugar donde continua en la actualidad.

Es posible que la Hermandad fuese en un principio de las denominadas “de gloria”, dando culto al Sagrado Madero, y teniendo su fiesta principal el día tres de mayo festividad de la Invención de la Santa Cruz; fiesta que siguió celebrando con gran solemnidad hasta fines del siglo XIX; ésto parece atestiguarlo antiguos documentos en que se hace referencia a la Hermandad con su Título de la Vera–Cruz, a la vez que menciona a la Imagen del Santísimo Cristo al que se nombra “de la Oliva”, por lo que parece que estos documentos se refieren a dos corporaciones distintas. Al parecer a mediados del siglo XVI, estas antiguas corporaciones se agrupan en una sola y se constituyen en Hermandad de Penitencia, haciendo su salida procesional en la tarde del Jueves Santo y manteniendo su fiesta de la Invención de la Santa Cruz, el tres de mayo, siendo esta última trasladada a fines del siglo XIX al catorce de septiembre en que se celebra la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, la cual mantiene en la actualidad.

Menos son hasta la fecha las noticias conservadas de la Hermandad de la Soledad; aún así podemos asegurar que en 1586 la hermandad tenía una considerable antigüedad y que en ese año se estaba edificando la Ermita a costa de los hermanos de la cofradía, la cual sería derribada en el siglo XVIII para levantar el magnífico templo que hoy existe siendo éste uno de los monumentos más importante de la Villa de Tocina.

 



Al parecer la Hermandad del Santo Entierro y Nuestra Señora de la Soledad en sus Dolores, gozó en estos siglos de gran prestigio entre los habitantes de la Villa, así como unos saneados ingresos como lo demuestra no sólo el magnífico edificio que levantó, sino también el extraordinario retablo que lo preside. Todo esto dio al traste el tristemente celebre siglo XIX, a lo largo del cual la Hermandad al igual que todas las corporaciones locales de este tipo perdieron la mayor parte de su patrimonio.

El siglo XIX fue testigo de la decadencia y gran postración de ambas corporaciones, las cuales casi desaparecieron, celebrando a duras penas sus festividades; la de la Vera–Cruz quedó en manos de un grupo de hermanos que seguían celebrando la fiesta de la Invención de la Cruz y la salida procesional del Jueves Santo así como algunos cultos internos dedicados solo a la Imagen del Cristo; mientras que la Bendita Imagen de la Virgen de la Encarnación, quedó al cuidado de la familia que mantenía su altar, hasta que a fines del siglo a instancias de Dª. Carmen Naranjo, a la sazón camarera de la Virgen, consiguió la autorización del párroco de la villa para el traslado de la imagen a la Iglesia Parroquial de San Vicente Mártir, consiguiendo de la autoridad eclesiástica la erección de una capilla en la misma teniendo derecho de enterramiento en ella, labrando un nuevo retablo para la Virgen en el lugar que hoy ocupa, quedando de esa manera desligada de su legítimo dueño que no es otro que la Hermandad de la Vera–Cruz; si bien hay que decir que la imagen en esa época no procesionaba por parte de la Hermandad, la cual procesionaba en la tarde del Jueves Santo acompañada de la Imagen de la Soledad, por estar su iconografía mas acorde con la festividad del día, por ser la Imagen de la Encarnación de las denominadas “de gloria”.

 



Ya en la segunda década del pasado siglo XX, la Hermandad se reorganizó elaborando nuevas reglas, que en sí fueron las primeras reglas que la hermandad tuvo con aprobación del Arzobispado de Sevilla, ya que las reglas por las que la Hermandad se había regido hasta entonces –que no se conservan– habían sido aprobadas en su día por los Comendadores de la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén; los cuales tenía potestad para poder erigir Hermandades y Cofradías en sus dominios en virtud del derecho de “Vere Nullios” que éstos poseían sobre Tocina como Encomienda de dicha Orden, y que les convertían en “ Señor de la Villa en lo Espiritual y en lo Temporal”. En estas reglas, sólo se contempla como finalidad el culto a la Imagen del Santísimo Cristo de la Vera–Cruz; y sólo él se contemplaba en el título, no haciendo ninguna alusión a ninguna otra Imagen, incluyendo las de la Virgen.

En cuanto a la Hermandad de la Soledad en el siglo que nos ocupa, quedó regentada por una asociación de mujeres, las cuales mantenían su culto y sus salidas procesionales, lo que hacia dos veces durante la Semana Santa: la primera el Jueves Santo acompañando al Santísimo Cristo de la Vera–Cruz; y la segunda en la tarde del Viernes en que hacia su estación con el Santo Entierro de la que era Titular; hecho éste que se mantuvo hasta los años precedentes a la Guerra Civil.

Este último período fue catastrófico para ambas corporaciones. El 25 de Marzo de 1936, fue incendiada de forma intencionada la Ermita de la Soledad; este incendio fue sofocado a tiempo por los vecinos, no pudiendo evitarse la perdida del llamado Cristo de las Tres Caídas, portentosa imagen del siglo XVIII, titular de su hermandad y que tenía su sede en la citada Ermita. ésto propició el traslado de todas las imágenes a la Iglesia Parroquial de San Vicente Mártir, quedando la Ermita cerrada al culto. Estas imágenes fueron profanadas junto con las del resto de la Iglesia en los primeros días de la Guerra Civil, sufriendo grandes desperfectos, especialmente la del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, la cual fue destrozada tanto dentro como fuera del templo y dado el estado en que quedó y el material en que estaba realizada no admitió restauración, por lo que pasados estos luctuosos días los hermanos de la cofradía encargaron una nueva Imagen de Santísimo Cristo al escultor sevillano Antonio Illanes Rodríguez, quien la realizó en 1937. En cuanto a la Imagen de la Virgen también fue debidamente restaurada por el mismo escultor.

 



Pasada la contienda la Hermandad volvió a alcanzar su antiguo apogeo, procesionando en la tarde del Viernes Santo junto con la Imagen de la Virgen de la Soledad, convertida ya de hecho en titular aunque no legalmente, pues ambas corporaciones seguían realizando sus actividades de gobierno de forma independiente, lo que se siguió haciendo hasta 1958. En mayo 1959 se logró de la autoridad eclesiástica la fusión de ambas entidades formándose nuevas reglas y adoptando el título de Hermandad y Cofradía de nazarenos del Santísimo Cristo de la Vera–Cruz, Nuestra Señora de la Soledad en sus Dolores y San Juan Evangelista.

Y así se rigió esta Hermandad y fue por estos años cuando la junta de gobierno decidió la adquisición y salida procesional de una imagen de la Sagrada Entrada de Jesús en Jerusalén, procedente de Olot y la cual procesiona por primera vez en la Semana Santa de 1960 y desde entonces todas las tardes del Domingo de Ramos por las calles de Tocina, acompañada siempre por los hermanos nazarenos más jóvenes siendo éstos el fomento de la hermandad portando velas y palmas. Quedando constituida la filial de la hermandad de la Sagrada Entrada de Jesús Jerusalén en marzo de 1964 aunque siendo regida por la hermandad de la Vera–Cruz. Años después se decide añadir a esta salida procesional la imagen de la Virgen Santísima y se elige a la de Maria Santísima de la Encarnación por pertenecer a la hermandad de la Vera–Cruz desde muy antiguo y por ser de las denominadas de Gloria, realizando su primera salida procesional junto a la Sagrada Entrada de Jesús en Jerusalén en la Semana Santa de 1975 y así recuperarla para darle culto tras largos años de abandono.

 



Acabando el siglo XX y comenzando el siglo XXI esta hermandad hizo un recuerdo a su memoria histórica y así, volviendo a la fusión de las hermandades de la Vera Cruz y de la Soledad en el año 1959 se recupera en el título, el Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo que tras la fusión quedara un poco olvidado en el tiempo. Elaborándose nuevas reglas y adoptando el título que posee en la actualidad.

ANTIGUA, FERVOROSA Y HUMILDE HERMANDAD Y COFRADíA DE NAZARENOS DEL SANTISIMO CRISTO DE LA VERA–CRUZ, NUESTRA SEñORA DE LA SOLEDAD EN SUS DOLORES, SANTO ENTIERRO DE NUESTRO SEñOR JESUCRISTO, SAGRADA ENTRADA DE JESúS EN JERUSALéN, MARíA SANTíSIMA DE LA ENCARNACIóN Y SAN JUAN EVANGELISTA.

 
 
 
 
Hermandad de la Vera-Cruz de Tocina
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